¿Qué es la sumisión química?

La sumisión química es la anulación de la voluntad de una persona por medio de sustancias químicas. Se busca sedar a la víctima o mantenerla consciente pero incapaz de tomar decisiones con el objetivo de causarle un daño. Es común que este daño sea una relación sexual no consentida, pero no tiene por qué ser así: puede buscarse, por ejemplo, robar a la víctima o conseguir que firme documentos. Se trata de una modalidad de agresión que está recibiendo últimamente mucha atención mediática, médica y jurídica: en España se introdujo en el Código Penal en 2010.

Existen tres tipos de sumisión química:

  1. Ataque oportunista: el agresor aprovecha una situación de mayor vulnerabilidad de la víctima que voluntariamente ha consumido una sustancia química, por razones médicas o recreativas. Aquí el agresor no busca la situación sino que se aprovecha de ella. Estos casos también se están denominando de “vulnerabilidad química”.

  2.  Ataque proactivo: es el caso contrario, en el que la víctima no sabe que está tomando un producto que va a anular su voluntad, y que ha sido añadido a su bebida por el agresor sin su conocimiento.

  3. Ataque mixto: se trata del supuesto en el que la víctima ya está tomando una sustancia que puede alterar su capacidad volitiva (normalmente alcohol), en la cual el agresor introduce subrepticiamente algún producto que acelerará o asegurará este efecto.

Es común al hablar de sumisión química referirse sólo a las dos últimas modalidades, pero hay que tener en cuenta también la primera.

En el año 2007, el organismo público británico experto en drogas de abuso (Advisory Council on the Misuse of Drugs) adoptó una definición de DFSA que englobaba los tipos anteriormente descritos. De esta manera, se considera DFSA todo acto en el que se realice una actividad sexual con una persona que sufre los efectos de las drogas de abuso o de los medicamentos, independientemente de que la administración haya sido forzada o voluntaria o si se consumió sustancias legales o controladas.

La Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria y Productos Sanitarios (AFSSAPS) clasifica los casos de sumisión química en tres categorías cuando realiza encuestas de carácter nacional:

     – Sumisión química probada: en la que ha habido agresión o tentativa documentada, se detecta la presencia de una sustancia psicoactiva mediante un método cromatográfico fiable y la sintomatología y la cronología de los hechos son compatibles con la sustancia identificada.

    – Sumisión química probable: se sospecha que hubo una agresión, no se dispone de suficiente información clínica o bien los resultados analíticos no son definitivos ya que se ha utilizado únicamente un método inmunoquímico, los resultados son negativos debido a una recogida de la muestra retrasada o los análisis realizados son incompletos.

    – Vulnerabilidad química: casos en que la víctima reconoce el consumo voluntario de medicamentos, sustancias psicoactivas o ambos simultáneamente. Las sustancias utilizadas en este tipo de delitos son fáciles de obtener y administrar.

El escenario más habitual es aquel en el que el agresor añade una sustancia sedante a una bebida, como café, zumos de fruta, cerveza y bebidas alcohólicas, con el objetivo de administrarla de forma subrepticia a su víctima.

 

En enero de 2007, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa recomendó a sus Estados miembros que afrontaran el problema creado por este tipo de delitos, comenzando por una asistencia adecuada a las víctimas con el desarrollo de campañas informativas, una revisión de la legislación concerniente a agresiones sexuales y mejora y estandarización de los métodos de análisis forenses. A pesar de que estas recomendaciones no obligan a los distintos países, sí que poseen autoridad moral sobre los distintos gobiernos de los Estados miembros.

La sumisión química es un fenómeno bien conocido en Colombia y otros países latinoamericanos, en robos y secuestros exprés, pero en España aún es subterráneo, y escurridizo, pues estas drogas desaparecen rápidamente del organismo y son difíciles de detectar en análisis. La Policia judicial afirma: “Ha habido algún episodio en el pasado, pero en España la incidencia es prácticamente nula”, sin embargo los testimonios de trabajadores de urgencias dicen lo contrario: "Tenemos dos o tres casos al mes, y esto solo en este hospital, así que imagina en los 35 de Madrid y en el resto de España"

Sustancias tradicionalmente vinculadas al fenómeno de la Sumisión Química:

Además del contexto en el que puedan producirse episodios de Sumisión Química , el análisis sobre aquellas sustancias que por sus efectos puedan verse involucradas en este fenómeno, constituye una de las cuestiones clave para su estudio. Algunos de ellos son:

 -  Amnesia anterógrada: definida como la incapacidad para recordar los hechos ocurridos durante cierto período,  el cual la sustancia incapacitante está desarrollando sus efectos. La amnesia total o parcial, como veremos puede ser una característica bastante frecuente en este tipo de casos, y a la vez una seria dificultad para su denuncia.

-  Sedación: perturbación de la capacidad de vigilia, de atención y de respuesta ante un hecho. El grado de sedación puede variar en función del tipo de sustancia y/o de la dosis administrada.

Efectos alucinógenos: con la consiguiente desorientación espacio-temporal de la víctima

Desinhibición: la víctima puede aceptar condiciones o ponerse en situaciones que en condiciones normales habría rechazado o evitado

"Drogas de la violación"

En la mayoria de ocasiones la sumisión química se utiliza para cometer delitos sexuales. Para ello utilizan drogas y las más comunes son:

  • Alcohol etílico: es la sustancia que más frecuentemente se ha asociado a este tipo de delitos, ya que es fácil de encontrar y de usar. Presenta la capacidad de alterar el juicio, reducir inhibiciones y en grandes dosis puede producir la pérdida del control corporal y de la consciencia. En ocasiones el consumo es voluntario por parte de la víctima y el agresor simplemente se aprovecha del estado de embriaguez de ella. Se ha demostrado que el consumo de alcohol por parte de las víctimas genera en el agresor la percepción de que su comportamiento es el adecuado y que corren menos riesgo cuando la agreden. En estos casos suele ser frecuente que la víctima presente una mayor vulnerabilidad sexual. Muchas de estas agresiones suelen ser perpetradas por desconocidos. En un estudio realizado en el Reino Unido durante 3 años, se demostró la presencia de alcohol etílico en la víctima en un 81% de los casos, cosa que no resultó extraña pues la mayoría de ellas declararon haber sufrido la agresión después de haber estado en un bar, discoteca o fiesta. Llama la atención de los autores que la alcoholemia encontrada en el momento de la agresión, tras realizar el correspondiente cálculo retrospectivo, fuera en un 60% mayor de 1,5 g/l. En Estados Unidos, se ha estimado que el alcohol etílico se encuentra, solo o en combinación con otras sustancias psicoactivas, en el 40-65% de las víctimas de agresión sexual y hasta en un 85% de los casos  en que se sospecha que hubo un delito de sumisión quí- mica

  • Burundanga: Es una sustancia que anula la voluntad, produce desinhibición y crea amnesia. Es la droga principal, aunque hay otras, y crece su uso por la facilidad con que se adquieren en Internet, a bajo precio. Su utilidad va desde echarla en la bebida a las mujeres para luego abusar de ellas hasta ka intoxicación de ancianos en pleno día a quienes sacan todo el dinero del cajero y de su casa. En algunos casos son plantas cuyas semillas venden portales de jardinería. Se ingiere sin ser percibida, oculta en bebidas, o incluso se inhala, soplada a la cara.

  • Benzodiazepinas: constituyen una amplia familia de medicamentos, la mayoría de ellos incluidos en las listas de sustancias psicotrópicas controladas legalmente. Debido a que son los fármacos sedantes más prescritos en la actualidad, son fáciles de obtener. Entre sus efectos secundarios hay que mencionar el automatismo, la desinhibición y la amnesia anterógrada. Se utilizan principalmente las que poseen una cinética de distribución y eliminación rápida, como triazolam, oxazepam y flunitrazepam. De todas las sustancias que pertenecen a esta familia, el flunitrazepam es el más utilizado en este tipo de delitos. Se trata de un hipnosedante potente que se comercializa con el nombre de Rohipnol y se conoce vulgarmente como roofies. Es una sustancia incolora e inodora, que se disuelve rápidamente en agua. Después de que se comprobara la utilización de Rohipnol disuelto en bebidas, el fabricante (Roche) modificó la composición de la formulación añadiendo un colorante azul que burbujea cuando entra en contacto con líquidos.

  • GHB (γ-hidroxibutirato): conocido como “éxtasis líquido”. Como análogo estructural del citado neurotransmisor, se trata de un depresor del SNC que en función de la concentración puede producir desde euforia y desinhibición hasta sedación. Aunque no son abundantes, sólo en el 2-4% de los casos de sumisión química, se han descrito casos en diferentes países como Estados Unidos  y España. 

  • Cocaína: se trata de otro psicoestimulante que produce desinhibición y fomenta los comportamientos de riesgo. La toxicología de la cocaína ha sido profundamente estudiada al tratarse de la droga ilícita estimulante más consumida en Europa con porcentajes particularmente elevados entre la población joven (15-34 años) de España y Reino Unido a lo largo de 2013. Sus efectos más documentados han sido los referidos a problemas cardiovasculares, neurológicos y mentales en consumidores habituales. Pese a ello su consumo con fines recreativos en determinados ambientes nocturnos junto con alcohol la convierten en objeto de análisis en SQ, de hecho es detectada en mayor número de casos que otras sustancias consideradas como “drogas de la violación”.

  • Otras: bajo este epígrafe agrupamos una serie de fármacos que, aunque en menor medida, también han suscitado interés a la hora de vincular sus efectos principales o secundarios con aquellos efectos supuestamente deseables en SQ: antidepresivos, hipnóticos no benzodiazepínicos: conocidos también como “z-drugs”,anticonvulsivantes, Clonidina.